Sucesos

El curioso destino de Jaume Matas: de político en auge a caída estrepitosa

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Era un día cualquiera a finales de abril de 2007, cuando me encontré cara a cara con Jaume Matas. Recuerdo que estaba solo en un bar cuando entró él, acompañado de un amigo común. Al verme, el entonces presidente no pudo evitar lanzar una frase que resonó en todo el lugar: «¡Mira quién está aquí! Pep Matas, un gran periodista, pero una vez se equivocó en un artículo». Me miraba con esa sonrisa confiada y continuó con la pregunta directa: «¿Lo recuerdas?».

Claro que lo recordaba. En 2003 escribí un artículo sobre su regreso a Palma tras ser ministro de Medio Ambiente. Critiqué su decisión de traer consigo a su guardaespaldas desde Madrid, mientras otros profesionales competentes se quedaban sin trabajo. Aquella tarde, decidí mantener las cosas ligeras; respondí con una sonrisa y un gesto afirmativo. No era el momento para discutir.

La montaña rusa política de Matas

Matas miró a su amigo y quiso zanjar la conversación diciendo: «Pero bueno, Pep Matas es de los nuestros…» Y eso me sorprendió; hasta ese momento solo había cruzado saludos con él. A pesar del buen rollo en la conversación, sabía que había algo más profundo tras esas palabras.

Aquel episodio siempre ha estado presente en mi mente porque refleja dos realidades que marcan su carrera política. Por un lado, Matas estaba en la cima; promovía proyectos grandiosos como el Palma Arena o el Palacio de la Ópera en Moll Vell y parecía indestructible ante cualquier crítica. Pero lo irónico es que ni siquiera podía imaginarse el oscuro camino judicial que le esperaba.

Poco después comencé a escribir más sobre él: sus compras cuestionables y las irregularidades emergentes alimentaron mis columnas dominicales durante años, levantando ampollas entre sus defensores dentro del PP. Muchos clamaban por restaurar su honor cuando se demostrara que toda aquella información era falsa. Pero ahora, con la distancia temporal adecuada, me parece esencial reflexionar sobre su trayectoria.

No todos los lectores conocen sus inicios políticos; algunos ni siquiera habían nacido cuando comenzó su aventura. Pero hay una conexión entre aquel comienzo y su desenlace actual. Como dice el refrán español: ‘lo que mal empieza mal acaba’. La primera vez que accedió al Consolat de Mar fue bajo condiciones complicadas; apoyando a Cristófol Soler prometió lealtad eterna, pero al final solo tres le dieron su confianza al nuevo gobierno tras la dimisión del líder anterior.

Esa falta inicial de apoyo presagiaba lo que vendría después: una caída libre hacia el desprestigio público. Así empezó todo para Matas y así terminó también… ¿quién podría haberlo imaginado?

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