En una trágica y desgarradora realidad, las autoridades de Indonesia han confirmado que el número de muertos tras la devastadora avalancha de tierra en Pasirlangu ha alcanzado ya 70 personas. Este terrible suceso, que tuvo lugar hace más de una semana a la sombra del monte Burangrang, ha dejado a muchos en un profundo estado de dolor e incertidumbre.
El director de la oficina de Búsqueda y Rescate en Bandung, Ade Dian, compartió con pesar que hoy se han recuperado diez cuerpos más. «Seguimos buscando», declaró, añadiendo que aún hay alrededor de diez víctimas desaparecidas. La avalancha se desató en plena madrugada del pasado 24 de enero, arrasando viviendas como si fueran juguetes y dejando a la comunidad sumida en el caos.
Un desastre sin precedentes
La situación se agravó cuando un segundo alud, esta vez provocado por agua acumulada, terminó por destruir lo poco que quedaba en pie. Indonesia ha sido golpeada por meses de intensas lluvias y deslizamientos de tierra; cifras alarmantes indican que más de 2.400 personas han tenido que abandonar sus hogares, mientras casi 14.000 han sufrido las consecuencias directamente. Aproximadamente 5.000 casas han sido dañadas o destruidas, dejando un rastro claro del desastre.
No podemos ignorar lo que está ocurriendo; detrás de cada número hay historias personales y familias destrozadas. Esta no es solo una estadística; son vidas reales afectadas por una naturaleza implacable.

