Después de un día revuelto, el sol ha decidido asomarse en el Port de Sóller, trayendo consigo un aire de normalidad. Pero no sin antes haber dejado su huella; el reciente temporal hizo tambalear los amarres del puerto y puso a prueba la paciencia de los que allí trabajan.
Las olas, provocadas por vientos furiosos que recorrieron las Islas, generaron un pequeño caos. Afortunadamente, no hubo daños graves. «Se han caído algunas vallas sobre la calle y siempre hay barcos que terminan embarrancados en la arena. Por ahora solo se están moviendo mucho, pero sin golpes entre ellos», comenta Carles Darder, el tinent de batle del Ajuntament de Sóller.
La vigilancia constante evita mayores desastres
Aunque en el puerto se respiraba cierta tensión, tanto el personal como los propietarios de las embarcaciones estaban al pie del cañón, atentos a cada movimiento del mar para evitar posibles colisiones. Sin embargo, la situación era distinta en la parte montañosa del municipio. Allí sí se notó más la furia del viento y la lluvia.
La carretera que conecta Caimari con Lluc fue una de las más afectadas. Varias ramas de pinos cayeron sobre ella, complicando el paso. Los equipos de Protecció Civil trabajaron arduamente para despejarla y lograron reabrirla al tráfico alrededor del mediodía.
No puedo evitar pensar: si esto hubiera sucedido en verano… Nos habríamos enfrentado a un verdadero desastre debido a esos amarres ilegales que inundan el puerto. A veces parece que tiramos todo a la basura y olvidamos lo importante: cuidar nuestro entorno.

