MADRID, 30 de enero. Este viernes, el panorama mediático se tiñó de sorpresa y preocupación al enterarnos de que el conocido periodista Don Lemon ha sido arrestado por su cobertura de las protestas en Minnesota contra el ICE. La situación se desató el pasado 18 de enero cuando Lemon estaba reportando desde una iglesia en Saint Paul, donde un funcionario del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas también ejerce como pastor.
La fiscal general, Pam Bondi, hizo oficial la detención esta mañana. Pero no fue solo Lemon quien se encontró tras las rejas; junto a él, otras tres personas también fueron detenidas por lo que se ha calificado como un ataque coordinado a la Iglesia Cities.
Un ataque a la libertad de expresión
El abogado de Lemon, Abbe Lowell, comunicó que su cliente fue arrestado en Los Ángeles mientras cubría los premios Grammy. En sus palabras hay un eco claro: «Este ataque sin precedentes a la Primera Enmienda es una maniobra para desviar la atención de las verdaderas crisis que enfrenta esta administración». Con cada declaración resuena un sentimiento profundo entre muchos: ¿qué está pasando con nuestra libertad para informar?
Lowell no dudó en apuntar hacia el Gobierno de Donald Trump, acusándolos de enfocar sus recursos en detener a periodistas en lugar de investigar las acciones del ICE que resultaron en la muerte de dos manifestantes pacíficos. «La Primera Enmienda protege a quienes buscan hacer justicia y exponer verdades», subrayó su abogado. Y ahí radica la cuestión: ¿hasta dónde estamos dispuestos a permitir que se silencien voces esenciales en nuestra sociedad?

