En un nuevo episodio de tensiones globales, Donald Trump ha salido a la palestra para asegurar que una flota más poderosa que la que se envió a Venezuela está ya en camino hacia Irán. El presidente estadounidense no ha escatimado en palabras al calificar esta enorme armada como lista para «cumplir su misión con rapidez y violencia si fuera necesario».
Desde Madrid, el 28 de enero, Trump dejó claro que esta flota va dirigida por el imponente portaaviones ‘USS Abraham Lincoln’, superando en tamaño a la enviada previamente al país sudamericano. «Avanza con entusiasmo y determinación», destacó en sus redes sociales, dejando entrever que las cosas podrían complicarse aún más si Irán no se sienta a negociar un acuerdo sobre su programa nuclear.
La presión aumenta
El mensaje del presidente no fue nada sutil. Reiteró su deseo de que Irán tome decisiones rápidas y justas, señalando que el tiempo se agota. Recordó los bombardeos devastadores del pasado junio contra instalaciones nucleares iraníes, apuntando directamente a las consecuencias de no llegar a un acuerdo: «El próximo ataque será mucho peor. No hagan que pase de nuevo».
Mientras tanto, desde Teherán, el ministro de Exteriores Abbas Araqchi ha descartado cualquier tipo de contacto con Estados Unidos, enfatizando que la diplomacia basada en amenazas militares es ineficaz. La postura iraní sigue firme; sin garantías de seguridad no hay negociación posible. Esto ocurre tras años de tensiones crecientes desde que Trump retiró a Washington del acuerdo nuclear en 2018.
A medida que el conflicto avanza, las palabras ardientes y las decisiones arriesgadas generan un clima tenso e incierto en todo el mundo. Las cartas están sobre la mesa y el futuro es tan impredecible como inquietante.

