Este miércoles, la escena frente a la vieja cárcel de Palma fue todo un despliegue policial. La Policía Nacional, junto con sus colegas locales, identificó a nada menos que 165 personas de diferentes nacionalidades en un operativo que muchos esperaban. Los agentes no solo estaban allí para comprobar identidades; también detuvieron a un hombre que llevaba tiempo en busca y captura por delitos de hurto.
A las ocho de la mañana, decenas de efectivos de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) y otras divisiones hicieron acto de presencia. Este gran dispositivo no surgió de la nada; era una respuesta directa a las quejas vecinales sobre el incremento de incendios y robos en el área. “Hace cuatro años que dicen que la van a vaciar”, se lamenta Aurora Ballester, una mujer que lleva casi cuatro años viviendo dentro del recinto. “Pero no puedes sacar a 500 personas a la calle. ¿Dónde van? Aquí están controlados”.
Cruz Roja al rescate en medio del caos
La intervención no solo consistía en identificar a los ocupantes. La Cruz Roja también estuvo presente para atender a quienes viven allí en condiciones realmente difíciles. A esos okupas les ofrecieron café, mantas y un poco de humanidad entre tanta desolación.
Dentro del grupo se encontraba Daeh, un joven argelino que llegó hace dos meses tras escapar del centro de menores es Pinaret debido a su historial delictivo. Mientras dormía esa mañana, los agentes irrumpieron pidiéndole su documentación. “Aquí no hay problemas ni nada, todo está tranquilo”, decía mientras reflexionaba sobre su vida. “Ojalá trabajara”, añadía con una voz cargada de sueños frustrados. En Mallorca había esperado encontrar algo más que lo que dejó atrás en Argelia: “Allí no hay nada”.

