En una mañana que prometía ser tranquila, la calma se rompió en la calle Aragó. A las 6:05 del pasado 24 de enero, un joven argentino de apenas 21 años, novel al volante y con copas de más, decidió que era buena idea hacer lo que le viniera en gana. Su aventura terminó en un impactante choque contra un autobús de la EMT, además de dejar un coche mal aparcado hecho trizas y una estación de BiciPalma completamente destrozada.
La historia detrás del desastre
Todo comenzó cuando este chico ignoró las señales que le pedían girar. En su afán por adelantar al bus, algo se torció; tocó el lateral del vehículo público y perdió el control. El resultado fue devastador: su coche se detuvo a unos 30 metros del lugar tras chocar violentamente contra el coche estacionado, que voló 13 metros hasta impactar con la estación ciclista.
La Policía Local llegó rápidamente al lugar y no tardaron en notar que el joven presentaba síntomas claros de embriaguez. La prueba lo confirmó: dio positivo con un nivel alarmante de 0,57 mg/l. Un informe detallado apuntó a que iba a una velocidad excesiva para las condiciones húmedas de esa mañana lluviosa.
A pesar del caos generado, el joven no fue detenido pero sí informado de su situación como investigado por un delito contra la seguridad vial. Ahora sus acciones han llevado a que se remitan diligencias al juzgado correspondiente. Mientras tanto, nosotros nos preguntamos: ¿realmente vale la pena arriesgar tanto por unas copas?

