Imaginemos un hogar en las Baleares, un lugar que debería ser sinónimo de sol, playa y alegría, pero que ahora se enfrenta a una dura realidad. Según los datos del INE, casi 20.000 familias en esta hermosa comunidad están lidiando con la cruel carga del desempleo total. ¿Cómo hemos llegado a este punto?
Una crisis silenciosa que grita
La situación es alarmante. Mientras caminamos por las calles soleadas de Palma, la sensación de desesperanza se siente en el aire. La gente habla de trabajos precarios, de jornadas interminables y sueldos que no dan ni para un café. La economía parece estar atrapada en un bucle sin salida, donde muchos sienten que el sistema les ha dado la espalda.
Nos encontramos con David Marquès, quien lleva meses luchando por mantener su tienda abierta a pesar de no ver beneficios. “No puedo cerrar”, dice con voz entrecortada, “esto es lo único que tengo”. Historias como la suya abundan; ¿hasta cuándo podremos soportar esta carga? Las familias están quedando atrás en este mercado laboral cada vez más hostil y nos preguntamos: ¿dónde está la solución?
Lo peor es ver cómo los servicios esenciales están bajo amenaza. Desde comedores escolares hasta bibliotecas públicas que enfrentan recortes significativos. Cuando se empieza a jugar con el futuro de nuestros niños y nuestras comunidades, algo huele muy mal.

