En la calidez de un día cualquiera en París, la noticia del fichaje de Dro por el PSG se ha colado como un rayo en medio de un cielo despejado. ¿Quién lo iba a decir? El canterano que hace poco vestía la camiseta del Barcelona ahora se enfunda los colores del club francés hasta 2030. La decisión, aunque inesperada para muchos, no ha sido más que una cuestión de tiempo. Desde que Dro expresó su deseo de salir del Barça, las cosas empezaron a moverse rápidamente.
Un juego entre amigos
Las relaciones entre el PSG y el Barcelona han sido siempre bastante fluidas. Nasser Al Khelaifi y Joan Laporta saben que pelearse no es una opción, sobre todo cuando hay tanto en juego. Así que, tras la comunicación de Dro al club catalán, el PSG empezó a trazar su estrategia con calma pero con firmeza. «Sabíamos que había decepción en Barcelona», confesó uno de los implicados en la negociación. Y es cierto, Laporta tuvo que encajar este golpe con elegancia; al final era solo la voluntad del joven futbolista lo que marcaba el camino.
No es fácil ver cómo alguien tan prometedor decide cambiar de rumbo, pero si hay algo claro es que el PSG estaba más preparado para esta situación que otros clubes interesados como el Manchester City o el Dortmund. Con 8,5 millones sobre la mesa, lo cierto es que esta operación era casi irresistible para los parisinos.
Aquí entra Luis Enrique y su equipo, quienes están convencidos de que Dro tiene un futuro brillante dentro del proyecto del club. El PSG busca talento joven y alejarse un poco del habitual ‘monocultivo turístico’ en sus fichajes. De hecho, son ellos los campeones más jóvenes en conquistar una Champions desde tiempos pasados.
A medida que las piezas se colocan en este tablero futbolístico, nos damos cuenta de que hay historias detrás de cada traspaso; historias humanas llenas de decisiones difíciles y sueños por cumplir.

