El mundo del trote y los caballos en Baleares, y especialmente en Menorca, ha amanecido con un profundo dolor tras el fallecimiento de Toful Salord, una figura emblemática que ha dejado huella en todos los rincones de la Real Sociedad Hípica de Ciutadella y el Hipódromo de la Torre del Ram. Su partida, después de una larga enfermedad, nos recuerda cuánto se puede querer a alguien que ha dedicado su vida a este apasionante deporte.
Un legado imborrable
La Real Sociedad Hípica no tardó en rendir homenaje a Toful, recordándolo como «una persona muy querida dentro de nuestra comunidad». Y es que fue un verdadero pionero; su etapa como conductor del semental Oburg, donde cosechó éxitos durante los años 90, está marcada por la pasión y el cariño que siempre mostró hacia los caballos. La junta directiva dejó claro que con su marcha se pierde «a un gran socio, pero también a un amigo muy querido».
No solo sus compañeros lo extrañarán; aquellos que disfrutaron las fiestas de Sant Joan en Ciutadella también sentirán ese vacío. Toful era parte fundamental de esas celebraciones, un vínculo irrompible entre tradición y amor por el caballo. Su legado perdura entre amigos y aficionados, no solo en Menorca sino también en Mallorca, donde su trayectoria siempre fue respetada.
Las federaciones española y balear de carreras al trote expresaron su pesar ante esta pérdida irreparable. Todos coincidimos: Toful Salord no solo fue un nombre más; fue un símbolo del esfuerzo y dedicación al mundo equino en Baleares. Hoy lloramos su ausencia pero celebramos la vida tan plena que vivió.

