Han pasado 36 años desde aquella fatídica noche en abril de 1990 que dejó a Mallorca helada. Un simple pique entre dos coches, un Opel Kadett GSI y un Seat 127, se convirtió en un escenario de horror, acabando con la vida de los hermanos José Antonio y Jesús L.G., de 27 y 22 años, respectivamente. La historia nos llega a través del eco desgarrador de sus risas, perdidas para siempre.
Esa noche, justo después de la emocionante final de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Barça, donde los catalanes salieron victoriosos, los dos hermanos se juntaron con amigos para celebrar. Tras unas copas, decidieron regresar a casa en su Seat 127 amarillo. Sin embargo, lo que debería haber sido un regreso tranquilo se transformó en algo escalofriante.
Un altercado mortal
En el camino, según el relato del conserje de hotel Pedro C.H.G., quien estaba acompañado por Tracy H.H., comenzaron a recibir golpecitos por detrás. Para muchos, esto sonaba más a una broma entre conductores que a un preludio del horror. Pero Pedro decidió parar su coche y enfrentarse a ellos; las palabras rápidamente se convirtieron en violencia.
Con un cuchillo de pesca submarina en mano, Pedro atacó brutalmente a José Antonio, clavándole el arma en el corazón. En cuestión de segundos, lo que era una discusión trivial se tornó en tragedia. Jesús intentó socorrer a su hermano pero fue igualmente atacado y quedó gravemente herido.
Aquel momento fue presenciado por algunos vecinos quienes alertaron al 091 sobre la reyerta callejera. Cuando llegó la policía y las ambulancias encontraron a los dos hermanos al borde de la muerte; lamentablemente, José Antonio murió casi al instante y poco después Jesús también se fue.
El Grupo de Homicidios inició una carrera contrarreloj para dar con los responsables. Gracias a la rápida acción policial lograron localizar el Opel Kadett GSI poco después; tenía manchas de sangre evidentes. Al llamar a la puerta del domicilio del propietario encontraron al propio Pedro quien reconoció su culpabilidad sin dudarlo: «Creo que me buscáis a mí».
La conmoción que causó este doble crimen resonó profundamente en Mallorca; no solo por lo brutal del hecho sino porque nos recuerda cuán frágil puede ser la vida cuando las pasiones desbordadas nos llevan al extremo más oscuro. Aún hoy reflexionamos sobre lo ocurrido aquella noche fatídica donde el duelo reemplazó las celebraciones.

