Hace 40 años, un tren cargado de cultura y desenfreno llegó a Vigo desde Madrid. Era el 20 de septiembre de 1986, cuando la ciudad gallega se convirtió en el epicentro de una explosión de sexo, drogas y rock and roll que aún resuena en la memoria colectiva. Francisco Santomé, entonces primer teniente alcalde y concejal de Cultura, esperaba ansioso la llegada del ferrocarril Rías Baixas en la estación. Junto a él, políticos como Manuel Soto, alcalde de Vigo, y Joaquín Leguina, presidente de la Comunidad de Madrid, se preparaban para celebrar un hermanamiento entre las movidas viguesa y madrileña.
Un encuentro lleno de locura y arte
Los casi cien integrantes que bajaron del tren no parecían estar frescos después de una noche sin descanso; muchos arrastraban unas ojeras que contarían historias por sí solas. Entre risas y cánticos, algunos artistas emblemáticos como Alaska o Gabinete Caligari pisaban suelo vigues. Como recordaba Jesús Ordovás, locutor de Radio 3 presente aquel día: “En el tren hubo barra libre; fue una orgía que dejaba a Las Vegas en pañales”. Los políticos observaban ese torbellino juvenil con cierta distancia; sabían que era un espectáculo atractivo para reforzar su imagen ante los jóvenes.
Aquel evento buscaba conectar dos mundos vibrantes; los políticos querían dejar huella cultural mientras los artistas se dejaban llevar por la euforia del momento. “Era más que música”, dice Santomé al recordar cómo la Movida no solo abarcaba melodías pegajosas sino también pintura, teatro y literatura.
Sin embargo, tras esas horas frenéticas vino el escándalo: Fabio McNamara lanzó un vaso durante una comida oficial hiriendo a una funcionaria. Aquello marcó un antes y un después en lo que muchos consideran el fin de la Movida. “Fue como ver caer el Imperio Romano”, opina Nicolás Pastoriza. La anarquía artística chocó con las formalidades políticas creando un cóctel explosivo.
El viaje cultural culminó con promesas incumplidas; si bien estaba planeado devolver la visita a Madrid en febrero siguiente, nunca ocurrió. Algunos dicen que fue sentido común ahorrando recursos públicos; otros creen que las disputas políticas fueron las responsables del parón. Al final quedó aquella anécdota inolvidable grabada en nuestras memorias: la unión efímera entre dos ciudades dispuestas a celebrar su propia libertad creativa.

