Las patatas, ese alimento básico que todos tenemos en la despensa, pueden convertirse en un quebradero de cabeza cuando comienzan a brotar o se ponen verdes. ¿Qué hacemos entonces? Tirarlas a la basura sin más, ¿o arriesgarnos a comerlas? Aquí entra en juego Vladimir Sánchez, un doctor en Química que ha puesto luz sobre este tema tan común pero poco discutido.
En sus redes sociales, el conocido como Breaking Vlad nos advierte que esos brotes no son solo una cuestión estética. La razón detrás de esta transformación está relacionada con la solanina, un alcaloide que las patatas producen para defenderse de plagas. Aunque su presencia es habitual, su concentración aumenta drásticamente al brotar y puede tener efectos perjudiciales para nuestra salud.
La verdad sobre la solanina
Sánchez señala que consumir solanina puede traer problemas desde malestar estomacal hasta síntomas más graves como náuseas o trastornos neurológicos. Pero antes de entrar en pánico, aclara que para llegar a niveles tóxicos tendríamos que ingerir una cantidad considerable de patatas en mal estado, algo que normalmente nuestro paladar detectaría antes. Si notas un sabor raro, lo mejor es deshacerte de ellas.
Aun así, no está de más tener cuidado: los síntomas leves de intoxicación por solanina suelen confundirse con una gastroenteritis común. Por eso, el consejo del químico es claro y directo: «Es mejor prevenir que curar. Si un alimento está estropeado, simplemente hay que desecharlo».

