En un rincón del mundo donde las emociones suelen encontrar su espacio en la fe, ocurrió un momento que nos toca el corazón. Un hombre, identificado como Marcos, se acercó al altar de la Parroquia de Monte Castelo en Tubarão, Brasil, buscando alivio después de recibir la desgarradora noticia sobre la muerte de su nieto.
Era un domingo como cualquier otro. La misa avanzaba con normalidad y los fieles llenaban el templo. Pero cuando el padre Carlos Henrique vio a Marcos acercarse visiblemente afectado, supo que algo no iba bien. “Me sorprendió y me asustó un poco su comportamiento”, relata el sacerdote. “Estaba llorando mucho, sollozando y no podía hablar.”
El abrazo que reconforta
Sin pensarlo dos veces, dejó lo que estaba haciendo y se dirigió hacia él para ofrecerle un abrazo reconfortante. La comunidad también se unió rápidamente; le dieron agua y lo llevaron a un lugar más tranquilo para tratar de calmarlo.
Casi sin previo aviso, el momento llegó: durante la comunión, Marcos recibió la Eucaristía y fue ahí cuando conoció la devastadora verdad: su nieto había fallecido a los 20 años. “Fue entonces cuando comprendí por quienes lo asistían que había perdido a su joven nieto,” lamentó el párroco con tristeza.
A veces olvidamos que detrás de cada misa hay vidas entrelazadas por historias profundas. Esta escena nos recuerda lo frágil que es la vida y cómo en esos momentos oscuros siempre buscamos esa luz o apoyo en los demás.

