En el corazón de París, donde la Plaza de la Concordia se encuentra con la majestuosa Ópera de Garnier, se alza imponente la iglesia de La Madeleine. Este templo, que parece más una obra maestra del pasado romano que un edificio religioso contemporáneo, fue concebido por Napoléon Bonaparte en 1806 como un homenaje al Gran Ejército. Con sus 52 columnas corintias y su escalinata blanca que invita a los visitantes a elevarse casi hasta el cielo, es un lugar cargado de historia y ambición.
Un monumento con historia
No obstante, no todo brilla en La Madeleine. A pesar de su ubicación privilegiada y su esplendor arquitectónico, rara vez aparece entre los monumentos más visitados. “¿Qué es esto?”, pregunta asombrado un turista frente a su fachada. “Es una iglesia”, responde su guía, consciente del desconcierto que provoca este espacio sin campanarios ni cruces visibles.
A lo largo del tiempo, este gran proyecto arquitectónico ha tenido múltiples destinos; en 1837 estuvo a punto de convertirse en estación de tren antes de ser consagrada finalmente como iglesia católica en 1845. Desde entonces, ha acogido tanto rezos como ilustres visitas; Chopin y Rousseau encontraron descanso aquí.
Pero hay algo más que historia detrás de sus paredes: escondido en uno de sus laterales se encuentra el Foyer de La Madeleine, un restaurante que desafía las expectativas. Lejos del típico local parisino con precios desorbitados, este espacio sirve comidas a quienes más lo necesitan gracias al trabajo desinteresado de voluntarios y chefs Michelin.
Aquí no solo se alimenta el cuerpo; también se busca combatir el desperdicio alimentario bajo la filosofía del chef Massimo Bottura y su esposa Lara Gilmore con Food for Soul. “El menú no discrimina”, repiten orgullosos mientras sirven a más de 250 personas sin hogar cada día.
Entre los beneficiados está Sébastien, quien vivió en la calle durante 19 meses antes de descubrir este lugar. “El Señor me dio una segunda vida”, dice con gratitud. La Madeleine es más que una iglesia; es un refugio donde todos tienen derecho a empezar otra vez.
E incluso sus baños son parte del encanto oculto del lugar: descendiendo por una escalera lateral encontrarás unos aseos considerados los más bonitos de París desde 1905, conservando ese estilo art nouveau tan característico.
La historia y esencia de Santa María Magdalena resuena aquí: acogiendo a quienes sufren y recordándoles que Dios les ama tal como son. Quizás esa sea precisamente la razón por la cual La Madeleine sigue siendo un símbolo vibrante dentro del paisaje parisino.

