En el corazón de nuestras islas, la realidad golpea con fuerza. Cada vez son más los jóvenes que se ven obligados a enfrentarse a la dura y fría barrera de dar la entrada para un piso, una meta que parece cada vez más lejana. Immaculada Duran lo deja claro: «Que los jóvenes tengan que hipotecarse para vivir aquí es, sin duda, una inversión en el futuro del territorio». Pero, ¿realmente estamos invirtiendo o simplemente estamos tirando a la basura las esperanzas de toda una generación?
Una lucha cotidiana por un hogar
Pensar en comprar una casa debería ser un sueño alcanzable, pero hoy se ha convertido en una lucha diaria. Las Balears han visto cómo el precio del alquiler se dispara hasta convertirlo en un lujo al alcance de unos pocos. Dos municipios ya figuran entre los más caros de España y, mientras tanto, muchos jóvenes siguen viviendo con sus padres o buscando soluciones temporales.
No podemos quedarnos callados ante esta situación. La comunidad necesita alzar su voz y exigir cambios reales. Y es que detrás de cada cifra hay historias personales, sueños rotos y aspiraciones que parecen desvanecerse. Es hora de reflexionar sobre hacia dónde queremos llevar nuestro territorio y qué legado dejaremos a las futuras generaciones.

