El clima de indignación se siente en Italia tras la noticia que ha sacudido a todos: la decisión de un tribunal suizo de dejar en libertad vigilada a Jacques Moretti, uno de los propietarios del bar que ardió en Nochevieja en Crans-Montana, dejando tras de sí una tragedia con 40 muertos, seis de ellos italianos. La primera ministra Giorgia Meloni no ha podido contener su frustración y ha decidido llamar a consultas a su embajador en Suiza, Gian Lorenzo Cornado. Este gesto va más allá de un simple protocolo; es un grito al aire para mostrar el descontento que corre por las venas de un país dolido.
Una decisión incomprensible
En un mensaje directo y claro publicado en sus redes sociales, Meloni comunicó que Cornado llevará una protesta oficial ante las autoridades suizas antes de regresar a casa. “Es necesario definir acciones futuras”, afirmó con firmeza. La indignación por la puesta en libertad bajo vigilancia de Moretti no es solo personal; se extiende a todo el Gobierno italiano y, sobre todo, a las familias afectadas por esta tragedia. La primera ministra ha dejado claro que esta decisión representa una grave ofensa y reabre viejas heridas.
Con palabras contundentes, Meloni expresó que toda Italia “clama por verdad y justicia”. En este contexto tan complicado, resuena más fuerte que nunca el llamado a actuar con respeto hacia el sufrimiento y las expectativas de los afectados. No se trata solo de un asunto legal; es una cuestión profundamente humana.

