En una noche que debería haber sido como cualquier otra, el 10 de enero, la tranquilidad de Palma se vio desgarrada por un suceso que nos deja helados. Eran alrededor de la 1.40 cuando dos jóvenes regresaban a casa después de una velada con amigos, ajenos a lo que les esperaba. Cuatro atacantes, entre ellos dos españoles, un venezolano y un polaco, se lanzaron sobre ellos con intenciones muy oscuras.
Un asalto despiadado
Todo ocurrió en la plaza Cuadrado. En cuestión de segundos, uno de los agresores sacó una navaja y se acercó a uno de los chicos con una amenaza clara: -Dame todo lo que tengas-. Sin opciones y con miedo en el cuerpo, el joven entregó sus pertenencias, pero no fue suficiente. El delincuente le arrancó la cadena del cuello como si fuera algo sin valor.
Mientras tanto, otros dos atacantes se cebaban con el segundo chico, un chaval de apenas 18 años. Le propinaron golpes sin compasión; patadas y puñetazos lo inmovilizaron para que no pudiera defenderse. La situación llegó a su clímax cuando uno de ellos le apuñaló en el rostro en un acto brutal y frío. Una de esas cuchilladas impactó directamente en su ojo derecho.
Afortunadamente, una conductora pasó por allí justo en ese momento y al ver la escena decidió intervenir. Con valentía ayudó a las víctimas y llevó rápidamente a uno de los heridos hacia un centro médico cercano. Lamentablemente, las noticias no fueron buenas; tras ser trasladado al hospital Son Espases confirmaron lo peor: había perdido completamente la visión en uno de sus ojos.
La Policía Nacional no tardó en hacerse cargo del caso y gracias al trabajo del Grupo de Homicidios lograron identificar rápidamente a los agresores. Tras varias gestiones necesarias para dar con ellos, fueron detenidos y este viernes ingresaron ya en prisión, enfrentándose así a graves acusaciones como intento de homicidio o robo con violencia.
No podemos más que lamentar cómo unas noches simples pueden transformarse tan drásticamente debido a la violencia desmedida.

