Economía

Errores en páginas de captación que están haciendo perder oportunidades a las pymes y cómo solucionarlos

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Imagina la escena: alguien llega a tu página, deja sus datos, y en ese momento está depositando su confianza. Pero si la página no refleja que hay un equipo real detrás, es probable que esa persona termine cerrando la pestaña sin pensarlo dos veces.

A veces, nos encontramos con campañas bien planteadas, con clics y visitas gracias a redes sociales o Google, pero al mirar el formulario… ¡sorpresa! Está casi vacío. Aquí no se trata de falta de interés; son detalles que detienen a los potenciales clientes justo al borde de dar el paso. La buena noticia es que podemos mejorar una página de captación ajustando el mensaje para ser más claro, eliminando distracciones y simplificando el proceso para que dejar sus datos sea algo natural.

¿Qué vemos al entrar?

Pensemos en lo primero que ve cualquier visitante. Si lo primero es un eslogan rimbombante como «soluciones innovadoras» o «servicio de calidad», probablemente sigan adelante porque no logran captar qué les ofreces ni qué ganan con ello. En cambio, si aterrizamos el mensaje a algo más cercano como «me ayudaron a conseguir X» o «encontré Y sin complicaciones», empezamos a ver cómo la página trabaja a nuestro favor.

Una forma sencilla de hacerlo es redactar titulares como si fueran opiniones de clientes satisfechos. Y si hay algún detalle clave —como zona geográfica o tipo de servicio— mejor colocarlo pronto en lugar de esconderlo al final del texto.

A partir de ahí, mantengamos una estructura clara: un buen titular que resuma lo esencial, tres o cuatro puntos que destaquen los beneficios y una llamada a la acción visible para guiar al usuario. En este sentido, muchas pymes suelen seguir fórmulas probadas para diseñar landing pages efectivas. No queremos páginas que parezcan un escaparate desordenado; menús llenos hasta los topes o botones compitiendo entre sí pueden confundir más que ayudar.

Es crucial preguntarnos: ¿qué acción queremos que complete alguien al llegar por primera vez? Si buscamos que soliciten un presupuesto o reserven una cita, todo lo demás debería facilitar ese gesto en lugar de competir con él. Por eso funcionan mejor los menús simples —o incluso prescindir completamente del menú— con enlaces secundarios discretos y llamadas a la acción estratégicamente ubicadas.

El contenido también puede convertirse en ruido blanco; cuando intentamos abarcar demasiado, terminamos comunicando poco. Párrafos largos o tecnicismos pueden cansar al lector rápidamente. Es mejor optar por frases claras y concisas junto con ejemplos concretos sobre nuestros servicios.

Un error clásico es pedir demasiada información desde el inicio: nombre completo, empresa, cargo… ¡Qué agobio! Esto puede generar pereza antes siquiera de empezar. Lo ideal sería preguntar solo por lo imprescindible para iniciar una conversación; quizás solo un nombre y un contacto inicial sean suficientes.

No olvidemos el tono del mensaje: un botón neutro como “Enviar” no aporta nada; cambiarlo por algo más descriptivo como “Quiero mi propuesta” mejora notablemente la experiencia del usuario. También conviene aclarar para qué solicitamos ciertos datos y cuándo prometemos responder.

Cualquier persona que deje sus datos está confiando en nosotros. Si nuestra web no transmite cercanía ni seguridad sobre quién está detrás del proyecto, simplemente se marchará sin mirar atrás —algo especialmente cierto en negocios locales donde las relaciones cuentan mucho.

No hace falta llenar nuestras páginas con premios ni distinciones; bastan unos testimonios breves con contexto (como sector o tipo de servicio) y algunos casos reales verificables para ganar esa confianza tan necesaria.

Por otro lado, tener visible nuestro email corporativo, número telefónico e incluso fotos reales del equipo puede aportar mucho valor a nuestra imagen online.
Y hay otra cosa importante: muchas veces lanzamos páginas y las dejamos tal cual durante meses esperando resultados milagrosos. Cuando bajan las visitas culpamos factores externos: la temporada baja, las redes sociales… Pero sin medir correctamente nuestro tráfico nunca sabremos realmente qué falla: ¿el mensaje?, ¿la carga lenta?, ¿la intimidación del formulario?

Mide para mejorar

Medir nuestro rendimiento no tiene por qué ser complicado; basta con hacerse tres preguntas clave: ¿de dónde proviene el tráfico?, ¿qué porcentaje convierte? Y lo más importante: ¿cuál es la calidad de esos contactos? Con esto podemos tomar decisiones informadas sobre posibles mejoras.
Lo ideal es tratar nuestra web como algo vivo; hacer pequeños cambios (un nuevo título aquí, una imagen allá) e ir observando los resultados día tras día mientras escuchamos atentamente las inquietudes del cliente.

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