El Real Mallorca celebró recientemente un emotivo homenaje a esos aficionados que han sido leales al club durante más de cinco décadas. En el Trui Teatre, 150 abonados se reunieron para recordar momentos imborrables llenos de alegría y también alguna que otra decepción. Entre risas y lágrimas, los ecos del pasado resonaban entre ellos, todos compartiendo un mismo sentimiento: orgullo.
Memorias de una vida en rojo y negro
Gabriel Frontera, quien lleva el amor por su equipo en la sangre desde los diez años, expresó con fervor: “No recuerdo exactamente cuántos años llevo como socio, pero sé que toda mi vida he llevado los colores rojo y negro”. Su mejor recuerdo no fue en el estadio, sino en Cerdeña. Allí estaba él con amigos, escuchando emocionado por radio el gol que llevó al Mallorca a Primera División en 1989. “¡Gooool!”, gritaba sin poder contener la emoción.
Otros como Tomeu Oliver tienen una historia similar. Este veterano abonado confesó con nostalgia que se hizo socio a principios de los cincuenta y no pudo evitar sonreír ante el reconocimiento que recibían. Para él, cada ascenso tiene su propio lugar en el corazón de los mallorquinistas.
Toni Torrens también guarda recuerdos entrañables. Desde la temporada 1974/75 ha sido abonado y recordó cómo vivió aquella final de Copa del Rey contra el Atlético en 1991: “Nací cerca del Lluís Sitjar; no faltaba a un partido”. Con sus hijas también siendo socias, esa pasión se ha transmitido generación tras generación.
Durante la ceremonia se entregaron diplomas, medallas y pines a cada uno de estos fieles aficionados. Fue una tarde para recordarles que su amor por el Mallorca es eterno e imperecedero.

