La historia comienza con María Muñoz, una vigilante de seguridad que ha dedicado casi 18 años de su vida a cuidar del Club Náutico del Arenal. En la madrugada de un día cualquiera, a eso de la 1:50 horas, todo cambió cuando se dio cuenta de que algo no estaba bien. Con la lluvia y el viento como testigos, vio una extraña nube en el aire. Se acercó y descubrió que era humo del White Breeze, una lancha atracada.
Sin pensarlo dos veces, María tomó la manguera y empezó a echar agua. «Podía haber sido un desastre», recuerda mientras narra los momentos más tensos. Al mismo tiempo, avisó a su compañero para que llamara al 112; el tiempo corría y las llamas ya estaban comenzando a devorar la embarcación.
Un trabajo en equipo crucial
Diez minutos después, llegó la Policía Local de Llucmajor. Un agente se unió a ella con otra manguera mientras intentaban contener el fuego. Pero pronto se dieron cuenta de que las llamas eran demasiado intensas; debían retirarse antes de que fuera demasiado tarde. Mientras tanto, los bomberos llegaban desde Palma, Llucmajor y Calvià para hacerse cargo de la situación.
A pesar del esfuerzo, el resultado fue devastador: el yate quedó completamente calcinado. Pero no solo María actuó rápidamente; ella también quiso destacar la valentía de dos contramaestres y un marino que acudieron corriendo para mover otras embarcaciones cercanas al peligroso fuego. «A unos pocos metros había una gasolinera», subraya María, enfatizando lo grave que podría haber sido si no hubieran actuado a tiempo.
Así es como un grupo de personas se unió en medio del caos para evitar lo impensable. María nos recuerda lo importante que es estar alerta y preparados para cualquier eventualidad porque nunca sabemos cuándo podemos enfrentarnos a situaciones extremas.

