La mañana del martes comenzó con una noticia devastadora en Gélida, un pequeño rincón de Barcelona. Un tren de Rodalies, que circulaba con pasajeros a bordo, se vio sorprendido por la caída de un muro de contención sobre las vías. La situación fue crítica; los servicios de emergencia no tardaron en llegar al lugar tras recibir 28 llamadas al 112. Fue un momento angustioso para todos.
El impacto y sus consecuencias
El siniestro dejó una estela trágica: el maquinista perdió la vida y alrededor de 15 personas resultaron heridas, tres de ellas en estado grave. Las autoridades, conscientes de la gravedad del asunto, activaron inmediatamente el Plan Ferrocat para atender a los afectados lo más rápido posible. Varias ambulancias del Servei d’Emergències Mèdiques (SEM) y quince dotaciones de los Bombers de la Generalitat fueron desplegadas en la zona, trabajando sin descanso para trasladar a los heridos.
No podemos evitar preguntarnos: ¿qué está pasando? Esta situación es inadmisible. Los ciudadanos merecemos respuestas claras. Nuestros impuestos deberían garantizar nuestra seguridad, pero hoy parece que eso se ha tirado a la basura. Muchos ya están pidiendo dimisiones inmediatas porque este tipo de accidentes no deberían ocurrir nunca.

