En un giro que nos lleva a reflexionar sobre las sombras del pasado, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, ha puesto sobre la mesa un tema candente en la política internacional. En una reciente rueda de prensa, Lavrov no se contuvo al afirmar que las aspiraciones expansionistas del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia Groenlandia, son más que simples ambiciones: «Es un problema vinculado a la época colonial». ¡Vaya manera de arrancar!
Un legado colonial aún latente
Lavrov recordó que, aunque muchos puedan pensar lo contrario, Groenlandia no es realmente parte original de Dinamarca. Desde el siglo XII, esta vasta isla fue una colonia noruega y luego pasó a ser danesa entre los siglos XVII y XX. No fue hasta mediados del siglo XX cuando se formalizó su estatus como territorio asociado a Dinamarca dentro de la Unión Europea.
“Esto es parte del problema vinculado al legado colonial”, subrayó Lavrov con firmeza. Y claro, aquí es donde surge la pregunta: ¿qué piensan los propios groenlandeses? “Que la gente de allí esté acostumbrada y se sienta cómoda es otra cuestión”, apuntó el ministro. Un comentario que invita a cuestionar cuánto control tienen realmente sobre su destino.
A medida que las tensiones aumentan con la intención de Trump de hacerse con el control de Groenlandia –algo que ya intentó en su primer mandato ofreciendo comprarla bajo pretextos de seguridad–, el trasfondo histórico vuelve a cobrar relevancia. Como dice el refrán: «quien no conoce su historia está condenado a repetirla». Así que mientras nosotros seguimos observando desde lejos, Lavrov nos recuerda lo importante que es tener presente este legado colonial para entender los desafíos actuales.

