En las Islas Baleares, la atmósfera se siente tensa. La llegada de la borrasca ‘Harry’ ha encendido las alarmas, trayendo consigo un fuerte viento, lluvias intensas y un mar que promete ser todo menos tranquilo. Mientras todos nos preparamos para lo que viene, Palma también se afana en celebrar Sant Sebastià, aunque no sin sus contratiempos.
Una fiesta empañada
Las confraries han decidido seguir adelante con las celebraciones de Sant Sebastià a pesar de la suspensión oficial del evento. «Cort ha regalat la festa al poble», dicen con orgullo. Pero la realidad es que esta festividad se ve afectada por el clima y el reciente accidente ferroviario en Córdoba que ha dejado huella. Con una revetla suspendida y una factura de 284.000 euros que pesa sobre el Ayuntamiento de Palma, es difícil no sentir un sabor amargo.
Además, hay quienes cuestionan las decisiones del Govern sobre temas cruciales como el nuevo reglamento europeo de pesca o las oposiciones docentes que quieren adelantar un mes. La comunidad está inquieta; nosotros queremos respuestas claras y acciones efectivas.
En este contexto complicado, los ojos están puestos también en el obispo de Mallorca, quien ha criticado abiertamente la falta de acogida a los migrantes. Su valentía ha suscitado reacciones encontradas; desde luego, no son tiempos fáciles para defender valores como la solidaridad.
Mientras tanto, una voz resuena entre nosotros: «La seguridad no se garantiza con fotos ni actos oficiales sino con inversión real», dice SFM tras la tragedia ferroviaria. En definitiva, estas son horas decisivas para Balears: necesitamos acción y compromiso genuino para enfrentar lo que está por venir.

