Jordi Ramón Ferragut, nacido en Sóller en 1999, es el claro ejemplo de que con trabajo duro y constancia se pueden romper barreras. En un deporte donde no siempre hay focos, este joven ha conseguido hacerse un nombre en la élite del voleibol europeo. Su trayectoria lo llevó desde las canchas de Alemania, jugando para el Herrsching, hasta Francia con el Narbona, donde su talento llamó la atención de ojeadores italianos.
Una historia marcada por la perseverancia
El propio Jordi comparte que sus comienzos fueron «a pasos pequeños». Con solo 14 años dejó su hogar en Sóller y se aventuró al CyL Palencia. Fueron cinco temporadas intensas donde maduró como deportista y volvió a casa gracias al Vóley Palma. Pero ese regreso fue efímero; al poco tiempo ya estaba empacando otra vez sus cosas rumbo a la península, esta vez para unirse al Pamesa Teruel. Ahí empezó a brillar y coquetear con el voleibol profesional.
Hoy en día, su vida gira en torno al voleibol en Trento, Italia. Vive solo y eso le permite enfocarse completamente en su entrenamiento. «Mi rutina diaria consiste en gimnasio por la mañana y ejercicios de prevención de lesiones por la tarde», cuenta Jordi con una sonrisa. Sin embargo, también valora esos momentos de desconexión que le da su club: «24 horas a la semana son vitales para no volverme loco; me encanta salir a caminar por las montañas o relajarme junto al lago», añade con alegría.
Aprovecha esos ratos libres para mantenerse al tanto del voleibol insular: Manacor, Palma y los amigos que juegan en diferentes equipos son parte de su vida cotidiana. Con Joan Colom y Ernesto Rodríguez, Jordi se ha ganado el respeto como uno de los tres mallorquines que brillan con luz propia en este deporte tan competitivo.

