Era una noche cualquiera en Pollença, cuando un inesperado giro del destino rompió la rutina de la festividad. En medio de las celebraciones, el icónico pi de Pollença, que ha sido testigo de tantas historias, se quiebra en tres partes. La escena, que debería haber estado llena de alegría y risas, se tornó rápidamente en confusión y preocupación entre los asistentes.
Un símbolo hecho añicos
Los lugareños miraban atónitos cómo uno de los símbolos más queridos del pueblo caía a pedazos. “¡Esto no puede estar pasando!”, exclamó una anciana mientras los jóvenes intentaban hacer frente a la situación con humor, aunque el ambiente estaba cargado de inquietud. Este suceso nos recuerda lo frágiles que son nuestras tradiciones y cómo pueden desmoronarse en un abrir y cerrar de ojos.
A medida que las luces brillantes iluminaban la noche oscura, el eco de las risas se apagaba lentamente. ¿Qué pasará ahora con nuestra fiesta? Nos preguntamos todos, compartiendo miradas preocupadas. El pi era más que un árbol; era el corazón del evento, un símbolo que unía a toda la comunidad.

