En el corazón de Irán, donde la libertad se encuentra bajo llave y la opresión se siente en cada rincón, hay artistas que no se rinden. La cultura iraní ha tomado las riendas como un auténtico altavoz de la resistencia, resonando en todo el mundo. Desde Jafar Panahi, quien a pesar de sus condenas, sigue desafiando al régimen con su arte, hasta el icónico ‘Persépolis’, una obra que ha capturado la esencia del sufrimiento y la lucha del pueblo iraní.
Voces que resuenan desde el exilio
No podemos olvidar a Golshifteh Farahani, quien tuvo que abandonar su hogar tras ser amenazada por regresar. A sus padres les dijeron que le arrancarían los pechos si volvía; una imagen desgarradora de lo que significa vivir bajo un régimen dictatorial. Y qué decir de Panahi, quien tras pasar siete meses en la prisión de Evin, lanzó su película Un simple accidente, una obra cruda y desafiante hacia los ayatolás. ‘La República Islámica me ayudó a hacer mi película al encarcelarme’, declaró en Cannes, dejando claro cómo la represión solo alimenta su creatividad.
A medida que las protestas sacuden Irán, figuras como Arian Moayed y Nazanin Boniadi se han convertido en voces activas desde fuera. Ellos nos recuerdan: ‘Si ellos son silenciados, nosotros debemos hablar’. Farahani también ha sido clara al señalar los miles de asesinatos y torturas perpetradas por este régimen teocrático desde 1979.
Pese a todo esto, dentro de Irán reina el miedo. Artistas como Taraneh Alidoosti y Katayoun Riahi fueron encarceladas simplemente por manifestarse contra un sistema injusto. Y así vemos cómo el arte es reprimido porque cuestiona al poder establecido. En este contexto oscuro, cada palabra cuenta y cada historia contada es un acto de valentía.
Irán es actualmente el segundo país del mundo con más escritores encarcelados. Una cifra alarmante que refleja una realidad escalofriante; artistas como Peyman (Amin) Farahavar, condenado a muerte por rebelión, son prueba viviente del peligro latente para aquellos que se atreven a pensar diferente.
Aunque muchos han tenido que buscar refugio lejos de su patria —como Mandanipour o Shirin Ebadi— su compromiso con Irán persiste desde cualquier rincón del mundo donde resuenen sus voces creativas. Autores como Parinoush Saniee, cuya obra retrata esa tensión entre integrismo y modernidad, siguen luchando aunque sus libros estén prohibidos en casa.

