El Sant Antoni de Manacor ha comenzado con un profundo dolar que se siente en cada rincón. La noticia de la muerte de un joven de apenas 18 años, tras el esfondramiento de una vivienda, ha dejado a toda la comunidad sumida en el silencio y la tristeza. A raíz de este trágico acontecimiento, los actos programados han sido suspendidos, reflejando el pesar colectivo que nos une en momentos como este.
Una celebración marcada por la tragedia
La fiesta, que debería ser un momento de alegría y unión, ahora lleva consigo una carga emocional difícil de sobrellevar. Mientras algunos se preparaban para disfrutar del ambiente festivo, otros no pueden evitar pensar en lo ocurrido. No es justo, dicen muchos, que un joven pierda su vida por circunstancias tan lamentables. Y es que las alarmas llevan sonando desde hace tiempo; muchos saben que las inspecciones a estas viviendas son casi inexistentes. El Ayuntamiento se encuentra ahora ante una dura realidad: no tiene constancia de que el hogar del joven hubiera pasado alguna vez por una revisión obligatoria.
A medida que pasan los días, los ecos del dolor resuenan más fuerte. Los aparelladors advierten sobre el ritmo insuficiente en la construcción de viviendas y lo peligroso que resulta ignorar esta crisis habitacional. En medio del sufrimiento, surge también la pregunta: ¿qué medidas se están tomando realmente para evitar futuras tragedias? En Manacor, todos nos sentimos interpelados ante esta situación. Es momento de reflexionar sobre nuestras prioridades como sociedad y exigir cambios significativos antes de que sea demasiado tarde.

