En Manacor, el fuego no solo ilumina las noches de invierno, sino que también calienta los corazones de quienes participan en la fiesta más esperada del año: Sant Antoni. Este año, el Porrón celebra su 65 aniversario con foguerons que no son solo troncos ardiendo, sino un símbolo de unión y alegría en la comunidad.
Nofre Galmés, uno de los protagonistas de esta historia festiva, comparte que lleva días animando a los clientes del bar a cantar mientras disfrutan de unas copas de herbes. “¡Lo hacemos para pasar un buen rato y nunca rendirnos!”, dice con una sonrisa sincera. Y es que detrás de cada melodía hay un deseo profundo: mantener vivas las tradiciones.
La esencia del pueblo
A medida que avanza la celebración, Artà se une al festival con su propio toque especial, proclamando el baile del dimoni como una parte integral de su identidad. Es impresionante ver cómo estas tradiciones locales se entrelazan y nutren la cultura insular. Pero no todo es color rosa; también escuchamos voces críticas sobre el desarrollo desmedido en Mallorca, donde cada semana emergen cinco nuevos chalets rústicos en medio del paisaje. “¿Dónde queda nuestra esencia?”, se preguntan muchos.
Y así, entre risas y recuerdos compartidos alrededor de las hogueras, seguimos disfrutando de este legado cultural tan querido por todos. En cada chispa que vuela al aire está la promesa de un futuro donde nuestras raíces sigan firmes y llenas de vida.

