En medio de la grandeza que siempre ha caracterizado al Real Madrid, hay momentos en los que uno se pregunta: ¿qué demonios está pasando? Desde que Ancelotti dejó su huella en el club, nos dejó una enseñanza valiosa: no todos los defensas son iguales. Y ahora, con Álvaro Arbeloa al mando, parece que la realidad se impone con una fuerza devastadora.
Parece que Arbeloa, ilusionado por su nuevo cargo, ha comenzado a darse cuenta de lo complicado que es intentar ser optimista en un equipo donde las lesiones son moneda corriente y muchos jugadores parecen vivir en un estado de parálisis total. ¿Cómo puede dejarse a estrellas como Courtois, Tchouaméni, Bellingham y Carreras fuera del viaje a Albacete? Es como jugar a la ruleta rusa con nuestra historia. Y lo más preocupante es que este equipo ya no está para lujos; ha dejado de ser el Madrid imbatible.
Síntomas preocupantes en el club
No podemos echarle toda la culpa a Arbeloa; es evidente que esto va mucho más allá. La plantilla actual refleja un club que ha visto cómo sus futbolistas han perdido valor competitivo. Ver a un Vinicius incapaz de superar a su marcador o a un Camavinga mostrando involución es alarmante. Mientras tanto, otros como Huijsen, luchan sin éxito contra cada rival y un desaparecido Valverde, no aporta nada cuando las cosas se complican.
Aquí hay una verdad dolorosa: los problemas del Real Madrid no se solucionan con cambiar de entrenador. La responsabilidad recae sobre unas decisiones erróneas del presidente, quien sigue aferrándose a la idea de tener una plantilla top sin reconocer lo evidente: necesitamos cambios profundos y necesarios.

