Era una noche cualquiera, el 24 de septiembre de 2020, cuando todo cambió para una familia en las afueras de Inca. Sebastián M., un hombre de 54 años, disfrutaba de un café con su esposa y su madre. De repente, un ruido rompió la tranquilidad. Ella recuerda cómo su marido salió disparado hacia el exterior y oyó gritos aterradores: «¡Hijo de puta!». La angustia se apoderó de ella y corrió a la cocina.
Un asalto que terminó en tragedia
Fue entonces cuando escuchó el clamor desesperado: «¡Socorro, socorro!». Con el corazón en un puño, salió en busca de Sebastián y lo que vio le heló la sangre: un hombre estaba atacando a su marido. El forcejeo entre ellos era brutal. Pocos momentos después, Sebastián entró en casa cubierto de sangre y con marcas evidentes de haber luchado por su vida. Dijo que unos hombres peligrosos habían entrado a robar.
La escena fuera del hogar era caótica. Un vecino fue testigo del tumulto; describía a uno de los ladrones “chillando y corriendo para arriba y para abajo” mientras otro parecía herido y sangriento. Su intención inicial había sido ayudar a quien pensaba era un vecino accidentado, pero al llegar se encontró con Jaume Llabrés tendido en el suelo rodeado de sangre.
Pese a los esfuerzos por salvarlo, Jaume no sobrevivió a las múltiples puñaladas que recibió durante el enfrentamiento por unas plantas de marihuana que pretendía robar. Al final, ese intento desesperado por apoderarse del cultivo terminó llevándolo al borde del abismo.
La Guardia Civil tomó cartas en el asunto aquella misma noche, arrestando tanto al autor del crimen como a sus cómplices. En esta historia hay muchas voces, pero todas coinciden en algo: lo ocurrido esa noche dejó huellas imborrables tanto para la familia afectada como para quienes presenciaron aquel horror silencioso en medio del campo.

