En un nuevo capítulo de la conflictiva relación entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), Gustavo Petro ha hecho oír su voz con firmeza. El presidente colombiano rechazó, este lunes, la propuesta de Acuerdo Nacional presentada por la guerrilla y dejó claro que si no hay voluntad de paz, podría haber una respuesta militar conjunta con Venezuela. «Si el ELN no se une a la paz, abandonando Venezuela, habrá acciones conjuntas con Venezuela de tipo militar», sentenció en su cuenta de X.
El peso del pasado y las condiciones del futuro
Recordando episodios oscuros en los que las negociaciones fracasaron a costa de vidas inocentes, Petro declaró: «Se ofreció un acuerdo y el ELN lo destruyó a sangre y fuego, matando humildes campesinos». Esa brutalidad, según él, estuvo ligada al control de cultivos ilícitos y oro ilegal. Por ello, plantea una serie de condiciones para dar otra oportunidad al diálogo: el ELN debe abandonar esas economías ilegales, cesar el reclutamiento forzado de menores y devolver a quienes retiene.
El mandatario exige también que toda la guerrilla regrese a Colombia para discutir planes concretos sobre las zonas donde podrían concentrarse y cómo pueden participar los ciudadanos en transformar las áreas más afectadas por el conflicto. Esto no es solo una cuestión política; es un llamado a las comunidades para recuperar su libertad y ser parte activa en rediseñar sus territorios. «Toda transformación se acuerda con sus habitantes», enfatizó.
Aprovechando esta coyuntura, Petro aboga por crear una zona económica especial entre Norte de Santander y Táchira que permita impulsar la agricultura y la industria en esa región tan marcada por tensiones. Además, propone que los combatientes sean reintegrados mediante cooperativas productivas que les ofrezcan alternativas reales al financiamiento ilegal.
En medio del vaivén político actual, Petro también ha reafirmado su deseo de convocar una Asamblea Constituyente para fortalecer los derechos fundamentales en Colombia. La idea no es sustituir la Constitución del 91 sino adaptarla para garantizar su cumplimiento: «se le ponen garras para que se cumplan sus principios», apuntó.
A medida que avanzamos hacia un futuro incierto, todos esperamos que esta nueva postura sea el primer paso hacia una paz duradera.

