Este lunes, Teherán se convirtió en un hervidero de emociones y fervor patriótico. Miles de personas salieron a las calles, no solo en la capital, sino también en otras ciudades del país, para mostrar su respaldo al Gobierno iraní frente a las crecientes protestas por la crisis económica que ahoga a muchos. La Plaza de la Revolución fue testigo de una masiva concentración donde los simpatizantes del régimen homenajearon a los miembros de las fuerzas de seguridad que perdieron la vida durante lo que ellos llaman «disturbios».
Una respuesta contundente
Bajo un mar de banderas iraníes y pancartas que clamaban apoyo tanto al Gobierno como al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, los manifestantes no dudaron en levantar sus voces contra potencias extranjeras como Israel y Estados Unidos. Escenas similares se vivieron en lugares como Shahrud o Kerman, donde el sentimiento nacionalista se palpaba en el aire.
En este contexto tenso, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Bagher Ghalibaf, aprovechó para lanzar una amenaza directa a Trump: «Le daremos una lección inolvidable» si vuelve a atacar. En paralelo, el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, dejó claro que aunque Irán «no busca guerra», está listo para enfrentarse si es necesario. La situación es compleja; más de 500 vidas se han perdido durante las recientes movilizaciones según informes de ONG locales.
Detrás de todo esto está una profunda crisis económica que ha llevado a muchos ciudadanos al límite. Aumentan las sanciones impuestas por Estados Unidos y los temores sobre el programa nuclear persisten; bombardeos recientes han dejado más de 1.100 muertos. Las llamas del descontento siguen ardiendo mientras la población observa con preocupación cómo su nivel adquisitivo se desploma día tras día.

