Hoy, el Real Mallorca se enfrenta a uno de esos partidos que marcan la diferencia. A mediodía, los bermellones tienen una cita ineludible en Vallecas contra el Rayo Vallecano. ¿La razón? Ganar es una necesidad imperiosa para dejar atrás el desastre sufrido ante el Girona. Con la clasificación apretada y solo un punto por encima del descenso tras el empate del Valencia, este encuentro se convierte en una verdadera final.
Un reto mayúsculo
El panorama no es nada sencillo. El Rayo Vallecano llega con una mala racha que podría jugar a favor del Mallorca, pero tampoco podemos olvidar que cualquier despiste puede costar caro. Este equipo tiene tantas cuentas pendientes con su afición que la paciencia ya está al límite. La gente no va a soportar otro tropiezo sin protestar; hay mucha tensión y decepción acumulada.
A Arrasate le toca poner toda la carne en el asador, pero las opciones son limitadas. La falta de refuerzos pesa como una losa y su plantilla parece tener telarañas en lugar de recursos frescos para dar ese impulso necesario. Sin Manu Morlanes ni Antonio Raíllo –una baja especialmente dolorosa–, las cosas se complican aún más. Raíllo puede no estar a su mejor nivel, pero es un líder en la defensa y su ausencia se siente.
Marash Kumbulla tiene hoy una gran oportunidad para demostrar su valía después de haber sido casi invisible desde su llegada a la isla. Todos esperan que brinde ese rendimiento que justifique la inversión del club. En cuanto al once titular, poco va a cambiar; tal vez veamos una defensa de cinco para hacer frente al juego exterior del rival.
Por otro lado, el Rayo también está presionado; llevan ocho jornadas sin conocer la victoria y saben que este partido podría ser crucial para ellos también. Así que hoy, todo está preparado para un duelo donde cada minuto cuenta y donde los nervios estarán a flor de piel.

