MADRID, 10 Ene. (EUROPA PRESS) – Este sábado, el Gobierno de Estados Unidos ha hecho un llamado urgente tanto al Ejército como a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), esas milicias kurdo-árabes que están en el centro del conflicto, para que cesen de inmediato las hostilidades en Alepo. Esta situación se complica más aún con los recientes enfrentamientos que han estallado justo cuando se está intentando integrar a las FDS dentro del Ejército sirio.
Un mensaje claro ante la crisis
El enviado estadounidense para Siria, Thomas Barrack, no se ha mordido la lengua y ha señalado que lo ocurrido en Alepo es “profundamente preocupante”. Asegura que esta violencia pone en entredicho los términos acordados para esa integración tan necesaria. “Instamos a todas las partes a ejercer la máxima contención y regresar al diálogo”, ha expresado Barrack desde su cuenta en X, recordando los acuerdos firmados el 10 de marzo y el 1 de abril de 2025.
Este asunto no es trivial; Barrack advierte que los recientes brotes de violencia pueden socavar todos los avances logrados desde la caída del régimen de Bashar al Assad. Y lo más inquietante: podría abrir la puerta a interferencias externas que solo traen más problemas.
Aquí hay un mensaje claro: Estados Unidos está dispuesto a jugar un papel activo para facilitar una relación constructiva entre el Gobierno sirio y las FDS. La meta es avanzar hacia una integración responsable donde se respete la unidad de Siria como un solo Estado soberano con fuerzas armadas nacionales legítimas.
Pero no todo es blanco o negro. Desde Damasco acusan a las Unidades de Protección Popular (YPG), pieza clave en las FDS, de violar repetidamente los acuerdos establecidos. Mientras tanto, las FDS claman por atención ante sus demandas de federación, sintiéndose abandonadas por las autoridades de Damasco.

