MADRID, 10 de enero. Este sábado, Finlandia ha dado un paso que muchos consideran arriesgado: su salida definitiva del tratado de minas antipersona. La decisión no llega de la nada; ya el pasado 10 de julio se hizo oficial su intención de abandonar este compromiso, y ahora, tras seis meses de espera, el Ejército finlandés tiene luz verde para volver a colocar estas letales armas en su territorio. Las autoridades justifican esta medida como una respuesta a la creciente tensión en Europa, especialmente en el contexto de la guerra en Ucrania.
El presidente finlandés, Alexander Stubb, ha querido dejar claro que su país no está bajo una amenaza militar inmediata. Sin embargo, hay que recordar que Finlandia comparte más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia. “Ya hemos visto cómo Rusia libra la guerra”, señaló Stubb, dejando entrever que las cosas podrían cambiar rápidamente. Y es que lo cierto es que esta frontera no solo separa dos países; también marca una línea crítica entre la Unión Europea y la OTAN frente al vasto territorio ruso.
La justificación tras el regreso a las minas
A pesar de lo alarmante que puede sonar este movimiento, Stubb asegura que las minas servirán exclusivamente como defensa para Finlandia. Es un argumento delicado y cargado de matices. El presidente enfatizó además que esta decisión no contradice sus obligaciones bajo el Derecho Internacional. Pero uno no puede evitar preguntarse: ¿hasta qué punto esta acción realmente refuerza la seguridad o simplemente añade más leña al fuego?

