En una mañana cualquiera del pasado miércoles, el barrio de Son Gotleu se convirtió en el escenario de una sorprendente detención que sacudió a los vecinos. Agentes de la Policía Nacional patrullaban la zona, conocida por ser un punto caliente en el tráfico de drogas, cuando se encontraron con un grupo de cuatro personas que, al verlos, no dudaron en dispersarse como si fueran polvo arrastrado por el viento.
Los policías, fieles a su deber, no se quedaron ahí. Se apearon del coche y decidieron intervenir. Tras identificar y cachear a los presentes, uno de ellos llamó especialmente la atención. Entre sus pertenencias, escondidas bajo una goma de pelo, había nada menos que 14 blisters que contenían un total de 200 dosis de un medicamento destinado a tratar la epilepsia. Una situación realmente inquietante.
Dudas sobre su origen y destino
Cuando los agentes le preguntaron sobre qué hacía con ese botín farmacéutico tan inusual, el hombre titubeó antes de soltar una respuesta que dejó mucho que desear: aseguraba que era para aliviar un dolor de cabeza. Pero claro, sabemos bien que este tipo de medicamentos solo puede obtenerse mediante prescripción médica.
A raíz de esto, no hubo más remedio que proceder con su detención por delito contra la salud pública. Un recordatorio escalofriante para todos nosotros sobre cómo ciertas sustancias pueden acabar en manos equivocadas. A veces parece que estamos tirando todo sentido común a la basura mientras miramos cómo las cosas se complican a nuestro alrededor.

