En las islas Baleares, la inteligencia artificial está causando un revuelo que va más allá de lo esperado. ¿Quién pensaría que una máquina podría transformar a un talentoso músico como Ara Malikian en el extraño ‘Llaura Malikian’? Esto no es solo un error gracioso; es un reflejo de lo que sucede cuando dejamos que la tecnología tome las riendas sin supervisión. Y aquí estamos, viendo cómo esta situación se repite en las instituciones públicas, donde la automatización parece haber llegado para quedarse.
¿Qué está pasando con nuestro idioma?
Si miramos hacia Ibiza, el escándalo comenzó con una publicación del Diario de Ibiza que evidenció este desliz. Pero no es solo un fallo aislado. En Mallorca, los errores en traducciones automáticas se han vuelto tan comunes que ya parecen parte del paisaje. Frases como ‘Fiesta del Estandarte’ o ‘Carrera Infantil de Reyes’ son ejemplos claros de cómo se pierde nuestra rica toponimia y cultura local por culpa de traducciones literales.
Las redes sociales han estallado en críticas, y nosotros no podemos quedarnos callados ante esto. Cuando vemos nombres emblemáticos como el Passeig des Born ser traducidos a ‘Paseo del Born’, nos damos cuenta de que algo no está bien. Y esto afecta a más que nuestras tradiciones; afecta a nuestra identidad. Estamos hablando de la lengua como un símbolo cultural, no solo como una herramienta comunicativa.
Los expertos advierten: si seguimos confiando ciegamente en estas máquinas para manejar nuestro lenguaje, corremos el riesgo de empobrecerlo aún más y caer en situaciones absurdas. La tecnología puede ser útil, pero debemos encontrar ese equilibrio entre innovación y respeto por nuestras raíces lingüísticas.

