En el corazón del Santiago Bernabéu, Rodrygo Goes vivió una etapa de sombras. Durante meses, su nombre parecía desvanecerse entre murmullos y críticas, como si el foco siempre apuntara hacia otros. La sensación de ser un simple espectador en su propio partido era casi insoportable. Y mientras tanto, el tiempo pasaba sin que él pudiera hacer mucho más que esperar una oportunidad que se sentía lejana.
Un giro inesperado
Pero el fútbol, al igual que la vida misma, guarda sorpresas. Cuando todo parecía perdido, Rodrygo dio un paso adelante. En los últimos cinco partidos, ha sido titular en cuatro de ellos; solo en uno salió desde el banquillo. Y no fue por casualidad: logró anotar dos goles y proporcionar tres asistencias, demostrando que su chispa y confianza están de vuelta.
Xabi Alonso lo decía claro: «Cuanto más enganchamos con él, mejor suele ser la jugada posterior». Con cada toque del balón y cada carrera al espacio, Rodrygo volvió a demostrar su valor dentro del equipo.
Uno de esos momentos clave llegó durante un enfrentamiento crucial en Champions contra el Manchester City. Ese partido no solo representó una prueba difícil; también marcó un renacer para él. Después de tantos encuentros sin encontrar la red, ese gol fue como abrir la puerta a una nueva etapa llena de posibilidades.
Desde entonces, se le ha visto más seguro y determinante. Su capacidad para desequilibrar juegos es algo que Valdebebas aprecia enormemente. La transformación es palpable: pasó de ser un jugador relegado a convertirse nuevamente en un activo estratégico, fundamental para los planes del equipo.
Ciertamente, esto nos recuerda cómo el fútbol puede cambiar radicalmente la percepción sobre un jugador en cuestión de semanas. Rodrygo es testigo de ello; ha pasado del silencio a ser protagonista principal con tan solo mostrar su verdadero potencial.

