Joan García, el portero que dejó el Espanyol para unirse al Barça, vivió un verdadero infierno en su regreso al RCDE Stadium. La afición perica le recibió con billetes volando, pancartas cargadas de mensajes hirientes y una pitada ensordecedora. ¡Vaya recibimiento! En los prolegómenos del derbi, miles de seguidores se congregaron a las puertas del estadio blanquiazul. Era un espectáculo vibrante: cánticos, bengalas y una pirotecnia que encendía el ambiente.
Pancartas que lo decían todo
Desde el primer momento, la tensión era palpable. Cuando Joan salió al campo, sólo con sus entrenadores a su lado, la reacción fue inmediata: una gran pitada retumbó en todo el recinto. Pero eso no fue nada comparado con lo que sucedió poco después. En el minuto 13, los aficionados desplegaron cientos de cartulinas donde se dibujaban ratas azulgranas junto a mensajes como «No hay perdón, Judas». Y cada vez que tocaba el balón, los silbidos eran atronadores.
A pesar de esto, Joan mostró una personalidad impresionante en su actuación. Su primera intervención llegó pronto y demostró por qué está en la lista del Barça: ¡quién diría que podría aguantar tanta presión! En uno de esos momentos cruciales antes del descanso, realizó una parada espectacular ante un remate cercano de Pere Milla que tuvo al estadio cantando gol antes de tiempo. Esa parada ya se menciona entre las más destacadas de la Liga.
La segunda mitad siguió igual de intensa; aunque le cayeron algunas cosas desde las gradas animadoras, no se dejó amedrentar. Se mantuvo firme y volvió a lucirse en otra acción clave evitando un mano a mano contra Roberto.
Sin duda alguna, Joan García regresó a casa para ser recibido como nunca lo imaginó. Un regreso lleno de emociones fuertes y momentos inolvidables que quedarán grabados en la memoria tanto del jugador como de la afición.

