La llegada de la inteligencia artificial (IA) ha sacudido el mundo de la publicidad, y no todos están contentos con ello. En Barcelona, Coca-Cola encendió la mecha de la controversia al lanzar un anuncio navideño creado con esta tecnología. Aunque la compañía se apresuró a afirmar que detrás del spot había un equipo humano de hasta 100 personas, el hecho de que parte del trabajo estuviera automatizado fue suficiente para levantar ampollas en el sector creativo.
Pero Coca-Cola no está sola en esto; gigantes como Google y McDonald’s también han optado por utilizar IA generativa para sus campañas festivas. La crítica se centra no solo en el resultado final, que a menudo resulta poco inspirador, sino en un temor más profundo: la posibilidad de que esta tecnología desplace a millones de empleos creativos. Según algunos expertos, “el creador plástico está jodido” porque si estas grandes corporaciones pueden permitirse prescindir de creativos humanos en favor de algoritmos más baratos, ¿qué quedará para las pequeñas empresas?
Una herramienta con dos caras
La IA está transformando radicalmente cómo se produce contenido publicitario. Desde resumir briefing hasta generar imágenes personalizadas, estos avances permiten a las marcas acelerar su producción y reducir costos drásticamente. Manolo Arroyo, jefe de marketing de Coca-Cola, afirmó que ahora tardan apenas un mes en producir anuncios que antes requerían casi un año entero. Esto plantea una cuestión ética inquietante: mientras algunos ven oportunidades doradas para crear más rápido y mejor, otros sienten el pánico acechando ante la posibilidad de perder sus trabajos.
A pesar del debate sobre su impacto negativo en el empleo creativo, hay quienes defienden su uso como una salvación necesaria. El director creativo Àlex Marull argumenta que “la explosión del contenido” ha deteriorado la calidad del trabajo creativo y que la IA puede ayudar a revertir esa tendencia. Sin embargo, los datos sugieren que muchas agencias aún luchan por integrar eficazmente esta tecnología.
No obstante, la resistencia es palpable entre los consumidores: casi el 46% rechaza abiertamente el uso publicitario de la IA según estudios recientes. Algunas marcas han tenido que dar marcha atrás tras recibir críticas contundentes por recurrir a esta técnica.
Así nos encontramos ante un dilema apasionante y complejo: mientras algunas voces claman por adoptar sin miedo las posibilidades infinitas que ofrece la inteligencia artificial, otras advierten sobre sus repercusiones laborales devastadoras. En este juego entre innovación y tradición cada uno tendrá su papel; lo importante será encontrar un equilibrio donde tanto creatividad humana como avances tecnológicos puedan coexistir sin tirar a nadie a la basura.

