Era un día cualquiera en Palma, un 21 de noviembre de hace 36 años, cuando Joaquín Montoya Gómez, un agente municipal valiente y decidido, se enfrentó a uno de los peligros más grandes de su carrera. Todo comenzó en la joyería de la calle Plateros, donde un atracador recién salido de prisión decidió hacer su agosto. Juan H.C., un joven de 22 años con más rabia que sentido común, entró armado con un estilete y una sed insaciable por el dinero fácil.
El caos se desató rápidamente. El ladrón amenazó al propietario del negocio y a su hijo con el arma blanca mientras llenaba sus bolsillos con joyas que valían casi dos millones de pesetas. Pero lo que no esperaba era cruzarse en el camino de Joaquín, quien patrullaba las calles sin armas en ese momento. Al escuchar los gritos desesperados de ‘¡Al ladrón!’, no dudó ni un segundo en actuar.
Un acto desesperado que casi le cuesta la vida
Sin pensarlo dos veces, se lanzó tras él. La valentía corrió por sus venas como si fuera fuego; pero también fue esa valentía la que lo llevó a recibir una puñalada mortal en el abdomen. La escena se tornó caótica: Joaquín cayó al suelo mientras su compañero inmovilizó al atracador. En medio del desastre, apareció una enfermera por casualidad. Ella lo salvó al taponar la herida justo a tiempo, evitando que su situación se tornara fatal.
Los minutos siguientes fueron cruciales: vecinos alarmados rodearon al delincuente ya reducido; algunos incluso intentaron lincharlo ante la furia colectiva que había despertado aquel crimen repugnante. Mientras tanto, Joaquín luchaba entre la vida y la muerte hasta conseguir salir adelante gracias a esa desconocida heroína.
Una vez recuperado, nuestro protagonista volvió a sus labores diarias como policía; sin embargo, ese incidente marcó un antes y un después para todos sus compañeros. Las autoridades decidieron revisar los protocolos y permitirles portar armas para protegerse mejor ante situaciones así. Aunque algunos comentan que el revólver del calibre 22 les daba más tranquilidad pero poco poder real.
Años después, Joaquín Montoya cerraría un capítulo importante en su vida al jubilarse tras una larga carrera llena de anécdotas increíbles y desafíos superados. Sin duda alguna, aquella tarde fatídica cambió no solo su destino personal sino también las normativas para asegurar más protección a quienes vigilan nuestras calles.

