Imagina un día en el que las calles se llenan de vida, de emociones a flor de piel y un sentimiento colectivo que resuena con fuerza. Eso es lo que ocurrió cuando cerca de 2.000 personas se reunieron para reivindicar la celebración institucional de la Diada de Mallorca, pidiendo a gritos que regrese a su fecha original: el 31 de diciembre.
Pero no solo estaban allí para recordar una tradición; también alzaban sus voces contra el neofeixisme, un fenómeno que se siente cada vez más presente en nuestra sociedad. En este contexto, los manifestantes afirmaron con rotundidad: «No podemos permitir que el odio y la intolerancia nos arrebaten nuestras costumbres y valores». Las palabras resonaban entre los asistentes, reflejando una preocupación compartida por todos.
Cambio necesario en tiempos convulsos
Las Balears atraviesan momentos complicados, donde cuestiones como el acceso a la vivienda o la política turística están en el centro del debate. En este panorama, figuras como Elisenda Alamany y Carme Gomila no dudaron en señalar las discrepancias con el gobierno actual: «Mientras en Barcelona se aplica una tasa turística justa, aquí parece que algunos partidos prefieren seguir tirando hacia atrás».
A medida que avanzaba la jornada, los rostros eran un reflejo del compromiso colectivo por defender unas Islas Baleares más justas y solidarias. Y así, entre pancartas y consignas, quedó claro que esta lucha va más allá de una simple fecha; es una lucha por nuestros derechos y nuestro futuro.

