La historia de Villamanín, un rincón encantador de León, nos trae a la memoria el eterno debate sobre la gratitud y el egoísmo. Tras el Gordo de Navidad, que llenó de alegría y dinero a este pequeño pueblo, se ha desatado una tormenta que deja mucho que desear.
Un grupo de jóvenes entre 18 y 25 años, que forman la Comisión de Fiestas, decidieron arriesgarse y comprar papeletas para el sorteo con la esperanza de financiar las fiestas del verano. Y vaya si lo lograron: su número resultó premiado y cada vecino podría haber recibido 80.000 euros. Pero aquí es donde surge el problema: uno de los chavales olvidó anotar un taquito de papeletas. El resultado fue un recorte en los premios, dejando a cada uno con 75.000 euros.
Un desenlace decepcionante
En vez de reconocer el esfuerzo detrás del premio, muchos pensaron solo en lo que les tocaba. ¡Qué fácil es olvidar el sacrificio ajeno! En lugar de agradecer a esos jóvenes por hacer posible esta fiesta tan esperada, algunos optaron por alzar la voz exigiendo su parte completa. ¿Acaso no ven que gracias a ellos han tenido suerte?
No solo eso; tras una reunión tensa y dolorosa, estos chicos tuvieron que renunciar a su parte para contentar a quienes querían más. Es indignante pensar que hay quienes desean verles caer en desgracia por unos miles más. La avaricia ha ganado terreno entre aquellos que ni siquiera mueven un dedo por su pueblo pero sí esperan disfrutar las fiestas.
Es triste observar cómo esta situación puede afectar la imagen que tienen los jóvenes sobre trabajar en comunidad. ¿De verdad queremos educarles en el egoísmo? Espero sinceramente que este año sean esos mismos avariciosos quienes se hagan cargo de organizar las fiestas; sería interesante ver cómo lo manejan sin esa ayuda desinteresada.
Aquellos valientes miembros de la Comisión de Fiestas, recordad: no estáis solos. Vuestra dedicación es valiosa y apreciada por muchos aunque haya quienes se empeñen en ignorarlo.

