Las noticias desde Ucrania nunca dejan de sorprendernos. Este lunes, el ministro de Defensa ruso anunció con bombos y platillos la toma de Dibrova, un pequeño pueblo en la provincia de Donetsk. Desde que comenzó esta invasión en febrero de 2022, hemos sido testigos de cómo se despliega un conflicto que parece no tener fin. Andrei Belousov, al frente del Ministerio, no escatimó en elogios hacia las tropas rusas, afirmando que han llevado a cabo «operaciones activas» para liberar esta localidad.
La retórica bélica sigue su curso
Belousov destacó que estos soldados son herederos de aquellos valientes que lucharon contra el fascismo y defendieron su patria. Y mientras él subraya la heroicidad y los sacrificios, muchos nos preguntamos a qué precio viene esta “liberación”. Los nombres de esos soldados caídos han quedado grabados en lo más profundo del corazón ruso; sin embargo, es inevitable cuestionarse si esta lucha por la libertad realmente vale lo que está costando.
Por otro lado, Rusia ha estado ampliando sus territorios durante meses. La atención parece centrarse cada vez más en Donetsk, donde la situación se vuelve más tensa día tras día. No olvidemos que ya se habían anexionado otras provincias como Lugansk o Jersón el año pasado. ¿Hasta dónde llegarán? La comunidad internacional observa con preocupación mientras las vidas continúan siendo arrastradas por este torbellino bélico.

