En pleno conflicto, la guerra en Ucrania ha revelado cómo los drones se han convertido en protagonistas indiscutibles de los combates modernos. No son solo juguetes voladores; son herramientas poderosas, económicas y, lo más importante, innovadoras. En este escenario bélico, Ucrania ha logrado integrar hasta ocho tipos diferentes de drones que se adaptan a las necesidades del terreno y del enemigo.
Un desarrollo ágil y efectivo
A medida que el conflicto avanza, también lo hace la tecnología detrás de estos vehículos no tripulados. La receta es sencilla: diseñar un dron, probarlo en el campo de batalla y ajustarlo según los resultados obtenidos. Este ciclo continuo permite a las Fuerzas Armadas ucranianas adaptar su arsenal rápidamente a las circunstancias cambiantes del frente. Solo en el verano de 2025, se estima que lograron alcanzar más de 215.000 objetivos gracias a estas máquinas voladoras.
Y no es solo cuestión de números; la capacidad de producción se ha disparado hasta diez millones anuales. Esto no solo asegura el suministro interno sino que también abre puertas a la exportación, según un informe del Instituto de la Escuela Económica de Kiev.
A partir de 2022, los drones comenzaron como simples transportes de municiones, pero su evolución ha sido meteórica. En 2024 ya habían alcanzado casi 3.800 objetivos, con una producción anual que supera los 33.000 unidades. Esta expansión permite proyectar fuerza sobre más del 25% del territorio ruso controlado.
Las metas son claras: depósitos militares, centros logísticos y toda aquella infraestructura que sustenta al ejército ruso. Con capacidades que oscilan entre los 300 y 2.000 kilómetros, estos drones han demostrado ser letales tanto desde el aire como desde el mar.
No obstante, cada tipo tiene su papel específico: desde drones marítimos equipados con cámaras y ojivas pesadas hasta modelos terrestres diseñados para ofrecer información vital sobre el enemigo o lanzar ataques precisos.
Desde principios de 2022, han salido al mercado más de 35 modelos. Algunos tienen costes muy accesibles –entre 1.500 y 400.000 dólares</strong– lo que permite a las tropas ucranianas usar estas herramientas en múltiples frentes, desde transporte logístico hasta combate directo.
A menudo nos preguntamos qué lugar ocupan estos dispositivos en el futuro bélico; sin duda están aquí para quedarse y redefinir cómo se libran las guerras modernas.

