Hoy nos despedimos de Brigitte Bardot, un verdadero icono del cine francés de los años 60 y una figura que se convirtió en el símbolo erótico de su época. Nacida en París en 1934, Bardot no era una novata cuando brilló con luz propia en Y Dios creó a la mujer en 1956. Ese filme, que podría parecer un simple título, marcó un antes y un después no solo en su carrera, sino también en cómo se percibía el erotismo en la gran pantalla. Con su presencia magnética, transformó la forma de ver a las mujeres en el cine europeo.
Un viaje por su vida y legado
Antes de convertirse en la segunda B.B. más importante (sí, hablamos de Jean-Luc Godard), ya había dejado su huella con casi veinte películas a sus espaldas. Pero fue Y Dios creó a la mujer lo que catapultó su carrera hacia las estrellas. Desde entonces, cada vez que alguien mencionaba sus iniciales, todos sabían quién era: una mujer hermosa y audaz que no tenía miedo de desafiar los límites sociales.
A lo largo de su vida amorosa, estuvo casada con personajes como Roger Vadim y Jacques Charrier, pero eso es solo una parte de la historia. Su relación con Serge Gainsbourg es legendaria; aunque hubo intentos frustrados para grabar Je t’aime… moi non plus, nunca dejó de ser un símbolo de libertad artística y provocación.
Bardot no solo brilló en el cine; también conquistó el mundo musical con éxitos memorables como Harley Davidson. Y aunque su trayectoria tuvo sus sombras —con declaraciones polémicas sobre racismo e islamofobia— nunca dejó indiferente a nadie. Su mirada franca y atrevida nos sigue invitando a cuestionar nuestros propios valores hasta hoy.
A medida que reflexionamos sobre su legado, nos queda claro: Brigitte Bardot fue mucho más que una actriz; fue una revolución andante que desafió las convenciones y nos enseñó sobre la libertad personal. Adiós a una leyenda.

