Imagina una noche cualquiera en Palma, cuando la tranquilidad se ve interrumpida por un cliente que no acepta un «no» por respuesta. Así ocurrió el pasado 22 de diciembre, alrededor de las 22:15 horas, en un bar de la calle Gaspar Sabater. Un hombre de 54 años, al ver que el dueño se negaba a darle más alcohol, decidió que lo mejor era destrozar la terraza.
Las cosas empezaron a salirse de control rápidamente. Según cuentan testigos, este cliente no solo lanzó sillas y mesas como si fueran juguetes, sino que también golpeó la pared del local con tanta fuerza que dejó dos agujeros evidentes. Y no contento con eso, incluso amenazó de muerte al propietario. Menuda escena.
La llegada de la policía y el desenlace
Al recibir el aviso sobre el escándalo en curso, la Policía Local envió una patrulla de la Unidad de Intervención Inmediata (UII). Cuando llegaron al lugar, encontraron al hombre visiblemente agitado, siguiendo con su espectáculo destructivo. El propietario del bar, completamente asustado y con razón, había tenido que refugiarse dentro junto a otros clientes para evitar ser blanco de su ira.
A pesar del caos generado y las amenazas lanzadas al aire como si fueran confeti en una fiesta, los agentes intentaron calmarlo. Pero él no estaba por la labor; mantuvo una actitud desafiante y se resistió a ser detenido. Al final tuvo que ser reducido por los policías.
Una vez gestionados todos los trámites correspondientes por parte de la Sala de Atestados, este hombre fue puesto a disposición judicial. Todo esto por unas copas más que nunca llegaron a servirse. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar cuando nos dicen que no?

