Era un día cualquiera hace un par de años, cuando entré en una peluquería en Son Maciá, sin saber que me esperaba una conexión con el pasado. Mientras esperaba mi turno, una mujer se acercó y me llamó por mi nombre. Su rostro iluminó el lugar y, con una sonrisa nostálgica, me recordó aquel episodio de la televisión de Manacor, «cuando te pegaron». ¡Vaya forma de abrir viejas heridas! Hablábamos de algo que ocurrió casi 20 años atrás, pero los recuerdos aún estaban frescos.
Era la noche del 18 de marzo de 2004; fui al programa ‘De tot i molt’ como colaborador, sin imaginar que acabaría en insultos y agresiones. Aunque recibí una condena por ello, hay un vídeo donde queda claro que yo era el agredido. La sentencia llegó a mí en Palma y aún recuerdo a aquella señora que me la entregó, sonrojada y avergonzada por lo ocurrido. En más de una ocasión he pensado si debería haber estado allí aquel día. Sin embargo, no puedo negar lo positivo: había estado alertando sobre unos 40 puntos de venta de droga en Manacor, como si fuera un mini Son Banya esparcido por la ciudad.
Una noche caótica en directo
Días antes del programa, Miguel Ángel Ariza, el director del mismo, me llamó para avisarme que habría dos hermanos vendedores habituales en directo. Así que allá fui con mi amigo Guillem Picó. El estudio parecía un primer piso sin control alguno para entrar; ¡una locura! Allí estaba yo afirmando que eran traficantes mientras ellos lo negaban rotundamente. Y entonces comenzó el caos: uno lanzó un vaso a mi cabeza —lo esquivé— y poco después empezaron los insultos desde ambos lados.
Fue entonces cuando decidí defenderme con una raqueta; pensaba que podrían tener un arma real. Mi error fue no calmarme porque uno de ellos se acercó por detrás y me golpeó brutalmente. Caí al suelo mientras recibía patadas como si estuviera en medio de una película de acción desafortunada. Afortunadamente llegaron las fuerzas policiales: locales, nacionales… incluso el alcalde estaba ahí para ver cómo todo se descontrolaba.
Poco después hubo manifestaciones masivas apoyándome; más de mil personas salieron a las calles para hacerme sentir respaldado. Me acuerdo especialmente del apoyo incondicional recibido incluso por figuras como Miguel Ángel Nadal o el propio alcalde Antoni Pastor.
Días después enfrenté el juicio donde se intentaron pactar culpabilidades entre los abogados; aunque agradecí la oferta no podía dar marcha atrás tras escribir tantas críticas sobre esos acuerdos turbios. Este proceso ha sido largo y confuso para mí; hay tantas cosas ocultas detrás del telón… No obstante, recuerdo perfectamente las palabras amables de esa mujer durante la entrega de la sentencia.
A pesar del tumulto vivido en aquel programa —donde todos los cámaras parecían seguir instrucciones estrictas— siempre recordé lo esencial: las personas son lo más importante en este oficio llamado periodismo. Esa mujer en Son Maciá identificándome tantos años después es prueba suficiente de ello; su sonrisa valió cada momento difícil que viví.

