Las estafas por correo electrónico se han vuelto un dolor de cabeza para muchos, y recientemente me encontré con dos ejemplos en menos de 24 horas que me dejaron pensando. En mi bandeja de entrada aterrizaron un mensaje suplantando a Spotify y otro utilizando el nombre de Correos. ¿La misión? Robar mis datos personales.
¿Realmente crees que es tan fácil?
Pongámonos en contexto. El primer correo, disfrazado de una notificación común, decía que había un pago pendiente. ¡Vaya sorpresa! El problema es que estaba en inglés, algo poco habitual para los usuarios españoles de Spotify. Y al mirar más allá, saltaron las alarmas: no venía del dominio oficial y el enlace llevaba a una página falsa que imitaba la estética real. Todo muy bien diseñado para engañar a quienes no están atentos.
Y como si eso no fuera suficiente, el segundo mensaje prometía un trabajo estable en Correos. La frase ‘Construye tu futuro’ sonaba tentadora, pero ¿quién puede resistirse a esa promesa? Sin embargo, otra vez la realidad golpeó: el remitente no era oficial y las referencias eran genéricas. Claramente estaban jugando con nuestras esperanzas laborales.
Pero aquí está la clave: este tipo de estafas siguen funcionando porque se camuflan detrás de marcas conocidas que generan confianza automáticamente. No olvidemos desconfiar siempre cuando un aviso pide nuestros datos o genera prisa por actuar.

